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Un héroe desconocido e ignorado

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Homero Hernández Almánzar Estuvo preso durante el régimen de Trujillo, contra quien luchó y para cuya muerte aportó armas, Se opuso al golpe de Estado contra Juan Bosch y peleó en la Revolución  de Abril.

Estuvo preso en la Torre del Homenaje acusado de conspirar contra la dictadura de Trujillo, pero desde antes, vivía vigilado por calieses del régimen porque ya había rechazado una posición que le ofreció el propio tirano.
Tras su puesta en libertad cayó de nuevo en desgracia por negarse a comprar al propio Trujillo, siendo funcionario, unas tierras no aptas para cultivos.
Homero Hernández Almánzar sirvió algunos cargos, pero en sus círculos de confianza mostraba desesperación ante la permanencia del dictador en el poder y su cadena de crímenes y arbitrariedades.
En 1958, cuando le ofrecieron el cargo de embajador en Ecuador, Juan Tomás Díaz, que maquinaba junto a él, le aconsejó aceptarlo pues su nombre estaba en una lista para desaparecerlo.
Dos años antes, compartiendo en la finca de un pariente, ambos se alejaron hasta una pocilga y Homero preguntó a Díaz:
– ¿Cuándo saldremos de este hombre?
– Tenemos que salir de él, pero hay que tener mucho cuidado, contestó.
Al despedirlo en las escalinatas del avión con destino a Ecuador, Juan Tomás lo calmó: “Vete tranquilo, que cuando vuelvas ya ese hijo de puta no va a estar vivo”.
Antes de su salida, Homero colaboró con armas para el ajusticiamiento. Con una escopeta que entregó a Chana Díaz, esposa de Juan Tomás, fue que Antonio de la Maza hizo el primer disparo a Trujillo el 30 de mayo de 1961.
En su exilio, que se produjo tras una memorable renuncia que conoció el mundo, fue obrero y vivió en modesta vivienda. Su familia sufrió iguales desventuras.
Pasado el trujillicidio y a su retorno al país, volvió a tener actuaciones patrióticas en 1965 al lado de las tropas constitucionalistas que dirigía el coronel Caamaño y fue un ente mediador en las negociaciones para el cese de la contienda. Estuvo en el Palacio Nacional armado de ametralladora intentando evitar el irrespeto a la Constitución de 1963. Fabio Herrera Cabral le dijo: “Homero, vete, ya el hecho está consumado”. Obedeció luego a su amigo Juan Bosch que le pidió entregar armas al pueblo.
Del revolucionario luchador por la justicia y la soberanía hablan su hija Nora Virginia Hernández Sánchez y sus sobrinos Jesús María Hernández y Rafael Augusto Sánchez hijo, a propósito de una calle que le fue asignada por resolución aún no aplicada.
Renuncia más sonada. La renuncia más sonada de Homero Hernández Almánzar se produjo el siete de julio de 1959 cuando recibió la noticia de los vejámenes a los expedicionarios de junio, entre los que estaba Guillermo Sánchez Sanlley, hermano de su esposa. Antes de hacerla llegar a Trujillo la envió a “Radio Habana”, “Radio Humboldt” y los periódicos “El comercio” y “El Diario”, de Ecuador.
“Cúmpleme presentar renuncia como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en el Ecuador. Motivo: atropellos y masacre contra mejores familias, pueblo y campesinos dominicanos. Repudio actitud. Sea humano. Evite más derramamiento de sangre hermana. Abandone República…”, expresaba.
Tan pronto llegó al país la misiva fueron apresados nueve parientes de Hernández, incluidos su padre, un hermano, dos sobrinos, su secretario…Expropiaron sus bienes.
Trujillo mandó mercenarios batistianos para que en complicidad con el diplomático que lo sustituyó lo desaparecieran.
Enterado, Homero fue hasta allí a desafiarlos: “¡Salgan, y salgan armados porque yo lo estoy!” Ellos cerraron la puerta.
Cuando todavía estaba en el país, Hernández no aceptó ser primer secretario en la embajada de Brasil porque sabía que el sátrapa lo utilizaría para comprar armas ante la negativa de Estados Unidos a venderle. Vigilado, fue a ejercer su profesión a la oficina de Rafael Augusto Sánchez Ravelo. Acusado de conspirar, fue apresado en 1953 y para pagar la fianza hipotecaron su casa e hicieron colecta entre familiares.
Tras la renuncia de 1959, “nos fuimos a Estados Unidos y papá trabajó en una factoría, en la bodega de un primo, y luego se dedicó a actividades políticas contra Trujillo”, narra Nora Virginia.
El FBI lo protegió, agrega, “porque no quería que con él pasara lo mismo que con Jesús de Galíndez”.
Residiendo en un sector pobre de Manhattan, Homero fue elegido presidente de los profesionales del exilio y ofrecía conferencias contra el régimen.
Regresaron al país el 11 de diciembre de 1961, encontrándose con que “nos habían incautado todo, hasta la casa de la Josefa Perdomo número 10”.
Homero nació en Guazumal, el 18 de marzo de 1914, hijo de Jesús María Hernández Espaillat y Rafaela Almánzar. Realizó sus estudios elementales en Santiago donde también cursó comercio en la Academia Santa Ana. Más tarde se graduó doctor en Derecho en la Universidad de Santo Domingo.
En la capital ejerció como abogado de oficio y en 1944 fue nombrado segundo embajador en Lima, Perú y luego primer secretario. Fue gobernador civil del Distrito Nacional, durante seis meses, y secretario de agricultura por un mes y un día, porque se negó a complacer a Trujillo con la compra de unas tierras del Estado “muy malas”.
El 15 de diciembre de 1938 casó con Nora Sánchez Sanlley, madre de sus hijos Rafael Jesús María, Homero Luis (fallecidos) y Nora Virginia.
Durante el Consejo de Estado fue secretario de Estado sin cartera. Posteriormente fue embajador encargado de asuntos internacionales en la Cancillería; colaboró con la campaña política de Antonio Guzmán que tras su triunfo lo designó embajador en Venezuela. Antes, en 1977, había sido propuesto como candidato a la presidencia. Volvió a Relaciones Exteriores en 1996 de donde fue retirado.
Falleció el 27 de noviembre de 2001.
Jesús María recuerda que a Homero “le gustaba vestir bien, era muy conversador, le encantaba la política, tenía cierto sentido del humor, era pragmático, mediador, bien parecido, muy familiar, caballeroso, solidario”.
Para Rafael Augusto y Nora era “muy apoyador y solidario con sus hijos” y dicen que recibieron el ejemplo de su honestidad. Nora lo evoca “muy cercano, de una sola línea, firme en sus ideas, gran lector y muy visionario”.
Dejó inéditos sus “Apuntes de un exiliado y algo más”.
Es un desconocido a pesar de su heroísmo y sus luchas. Nora Virginia piensa que se debe a que “nunca buscó reconocimiento público, todo lo que hizo fue siempre pensando en el bien de su país. Y nosotros, su familia, somos del mismo criterio”.
Jesús María y Rafael Augusto comentan: “Hay muchos héroes anónimos, de grandes valores, él es uno más, pretendemos que con el libro se conozca su obra”.
La calle. El 13 de agosto de 2002, el Ayuntamiento del Distrito Nacional acogió una solicitud de Eduardo Díaz Díaz para que la calle “Arabia”, de “Arroyo Hondo”, fuera designada con el nombre del “Dr. Homero Hernández Almánzar”, y ordenó la denominación. Esta disposición no ha sido cumplida.

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